Buenas maneras como carta de presentación

Reza el antiguo refrán: “Para la primera impresión no hay una segunda oportunidad”. La forma en que nos conducimos es nuestra tarjeta de presentación. En momentos de emergencia o situaciones imprevistas aflora esa parte de la personalidad que mantenemos en sombra, afloran pestilencia interna o buenas maneras, esas que se han ido perdiendo a medida que menos educados crecen en cantidad y los comprometidos por proveer instrucción reposan en educadores ausentes o ineficaces.

Los menos afortunados son mayoría, un grupo de excluidos cuyo comportamiento genera que lo sigan siendo: agreden su entorno esparciendo basura externa e interna. Muchos se expresan con palabras disonantes y groseras a un volumen que hieren el oído y las sensibilidades de las demás personas. ¿Será falta de conciencia, sentido común o enojo con la sociedad? Desafinamos unos con otros produciéndose un circuito interminable que podemos detener si elegimos transformarnos.

Las buenas maneras enaltecen la imagen personal, hacen elegible a la persona para posiciones respetables y dignas, es un plus a la instrucción académica. Procuremos superar actitudes limitantes educándonos, puliendo el diamante interior que somos. Podemos elegir en qué aguas navegar. Se asciende hacia planos superiores en la medida en que se adquieren valores del ser afines. Cultivémoslos.